El parto en casa de Max

No pensaba contar públicamente el parto en casa de Max, pero me habéis pedido información y detalles por privado, y también me habéis pedido que lo cuente. Si no lo he hecho antes es porque sé que es un tema espinoso y muy personal y, sinceramente, no me apetecía enfrentarme a juicios cuando acababa de parir. Pero ahora que han pasado casi cinco meses estoy preparada para compartirlo y creo que debo hacerlo porque sé que mi relato puede servir de apoyo a todas esas mujeres que buscan un parto respetado y, sobre todo, a aquellas que buscan poder parir después de una cesárea. Y porque para mí ha sido importantísimo leer los relatos de parto de otras mujeres porque me han dado fuerza y me han devuelto la confianza en mi cuerpo.

La evidencia científica actual corrobora que los partos en casa son igual de seguros que los partos atendidos en un hospital.

Mi decisión de parir en casa no fue ningún capricho, ni lo hice por seguir ninguna moda, ni porque soy una jipi, ni fue ninguna estupidez…, fue porque era el lugar donde más segura me sentía y porque encontré a unas matronas que tenían la misma idea del parto que tenía yo. Para mí el hospital era un lugar hostil y la idea de parir allí me producía ansiedad. No me sentía segura. Por supuesto, si hubiera surgido alguna dificultad habría ido sin pensármelo porque para eso están los hospitales.

Una mujer debe de parir en el lugar donde más segura se sienta, ya sea en su casa o en un hospital.

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Tomar la decisión de parir en casa viene después de estar 10 años informándome, leyendo muchísimo, investigando, hablando con profesionales sanitarios y después de dos partos en hospitales. El parto de Elsa fue primordial para recuperar esa confianza en mí misma que me habían arrebatado en mi primer parto.

 “Los partos en casa son seguros porque existen hospitales donde trasladar a la parturienta si se presenta algún problema.” (Inma Marcos, comadrona de Nèixer a casa).

Para situaros, os cuento que el parto de mi primera hija en 2008 fue una inducción en la semana 41+3 que falló y acabó en cesárea. Fue en el hospital La Fe de Valencia y lo recuerdo como una tortura. Una inducción de 12 horas con oxitocina a chorro, drogada y sin epidural. Muchas horas de sufrimiento para que a las 21:00h la aguas se tiñeran de meconio claro y el ginecólogo decidiera que ya había sufrido bastante, que me hacía un cesárea.

Mi segundo parto fue en 2013 en el hospital de Manises. Fue un parto que duró 44 horas y, aunque conseguí parir vaginalmente, tuve que pelear muchísimo para que no me hicieran la maniobra de Kristeller, para que no usaran fórceps ni ventosa, para que no me hicieran episiotomía. Hubo prisas en el expulsivo y nada más salió la cabeza la estiraron para sacarla sin esperar a la siguiente contracción. Cortaron el cordón diciendo que ya había dejado de latir pero no era cierto porque seguía habiendo sangre. Y me pusieron oxitocina en el alumbramiento y me sacaron la placenta.

Y ahora ya paso a contaros cómo fue el parto de Max.

El 2 de agosto tuvimos el positivo, después de un test negativo dos días antes.

El embarazo fue sin complicaciones y yo tenía claro que quería parir en casa y Luis me apoyaba en mi decisión. Así que nos informamos y llamé a Inma Marcos (comadrona de Nèixer a casa) y me habló muy bien de CoMare part a casa. Así que fuimos a conocerlas y congeniamos a la perfección.

Mi FPP (fecha probable de parto) era el lunes 11 de abril. Antes de ese día llevaba ya algunas noches con contracciones cada vez más molestas pero que no me hacían moverme del sofá.

El domingo 3 de abril tiré el tapón mucoso. Ese jueves noto que mojo las bragas de vez en cuando y, creyendo que era flujo, me pongo compresa. Sigo manchando los días posteriores y empiezo a pensar que puede ser líquido, pero lo descarto porque no había notado que se rompiera la bolsa. Ese lunes 11 a las 5:00h de la madrugada noto que cae un chorro mientras duermo y ahí ya no tengo dudas, sé que es líquido. Me levanto a cambiarme y empiezo a tener contracciones suaves.

Cuando se despertó Luis le dije que no iba a llevar a Celia al cole, pero él que se fuera y que estuviera pendiente. Avisé a las matronas para que estuvieran preparadas, pero a mitad de mañana las contracciones se pararon.

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Yo me empecé a inquietar por la noche cuando vi que las contracciones no volvían. Me parecía increíble que me estuviera pasando esto a mí. Quería un parto en casa y esto era lo que no quería que pasara, porque suponía que si estaba más de 72h con la bolsa rota me tendría que ir al hospital.

El martes por la tarde seguía sin señal de nada y vinieron Marieta, Lorena y Miriam. Estuvimos hablando y me dijeron lo que ya sabía, que en los hospitales respetuosos se esperaba 48h con la bolsa rota antes de inducir y que en Inglaterra esperaban hasta 72h. Ellas me dijeron que si las aguas eran claras y Max estaba bien, podíamos esperar. Pero yo me quedé con que podíamos esperar hasta 72h y que si no me ponía de parto nos tendríamos que ir al hospital.

Tenía mucha rabia porque eso no entraba en mis planes y rompí a llorar. Las matronas comprobaron que era líquido lo que perdía y me ofrecieron hacerme la maniobra de Hamilton (consiste en despegar las membranas del cuello uterino para favorecer la producción de prostaglandinas naturales). Yo dudé, pero antes de una inducción en el hospital preferí esto.

Cuando se fueron las matronas pedí quedarme sola en mi habitación y me pase por lo menos dos horas llorando sin parar. Estaba triste y rabiosa.

Por la noche empecé con contracciones bastante molestas pero al acostarme se pararon otra vez.

El miércoles me levanté para llevar a Celia al cole y tenía molestias que supuse que eran de la Hamilton. Al volver a casa llamé a Inma Marcos para contarle mi situación y que me dijera que opinaba ella, pero estaba ocupada y quedó en llamarme por la tarde.

Cuando recogí a Celia a mediodía del colegio, al llegar a casa, empecé a tener contracciones que empezaban a doler. Eran irregulares, cada 7 minutos, pero picaban.

Comimos y Luis llevó a Celia otra vez al cole porque a mí me dolían cada vez más. Por la tarde la recogió mi madre y la trajo a casa. Yo seguía igual con las contracciones.

Me llamó Inma Marcos y me estuvo diciendo que lo que me pasaba estaba dentro de la normalidad, que un alto porcentaje de los partos que atendía se iniciaban así y que normalmente las mujeres se ponían de parto antes de las 72h, pero que ella había tenido mujeres con la bolsa rota varios días y que todas habían parido en casa con normalidad. Que si todo estaba bien podía esperar lo que hiciera falta. Me tranquilizaron muchísimo sus palabras y me dieron mucha confianza.

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Cuando llegó Luis de trabajar le dije que me iba a acostar un rato, que estaba cansada y si se iniciaba el parto quería estar descansada. Él me pidió que no me acostara por si se paraban las contracciones, pero le dije que me daba igual. Así que me acosté y se pararon las contracciones. Pero al rato de levantarme volvieron pero muy cortas e irregulares.

Cenamos pizza y durante la cena las contracciones fueron cogiendo ritmo e intensidad. Las nenas se acostaron y nos quedamos viendo una serie en el salón. Las contracciones cada vez dolían más pero seguían siendo cada 7 minutos.

A las 12:00h de la noche me tomé un vaso de leche y tuve cuatro contracciones muy dolorosas y muy seguidas, cada 2 minutos, así que me acosté. Esta vez las contracciones no se pararon y empecé a necesitar moverme cuando tenía una. Eran dolorosas pero se llevaban bien a cuatro patas sobre la cama, balanceando las caderas.

Íbamos hablando con las matronas por whatsapp. Sobre la 1:00h de la madrugada vomité y la cosa se empezó a poner seria. Aun así, las contracciones eran llevaderas comparándolas con el parto de Elsa cuando aún estaba dilatada de 2 cm, así que pensé que eran contracciones de preparto. Pero me empezó a molestar la luz, me empecé a quitar la ropa y a gemir. Luis me preguntaba que si quería que vinieran ya las matronas y yo le decía todo el rato que no, que aún no estaba de parto.

A las 2:00h se despertó Elsa por mis gemidos y Luis intentó dormirla pero no lo consiguió. Sobre las 2:30h las matronas decidieron venir porque tenían un poco más de una hora de viaje y se quedaban más tranquilas estando aquí. Llegaron casi a las 4:00h y al verlas entrar en la habitación me relajé muchísimo. Hasta esa hora había estado llevando las contracciones bastante bien. Dolían, pero era un dolor muy llevadero. Recuerdo poco de esas horas porque me pasaron muy rápidas.

Les pedí un tacto y me dijeron que no hacía falta. Yo insistí. Ellas no me lo querían hacer por si no estaba de parto, pero accedieron ante mi insistencia. Estaba de casi 6 cm. Me dio un subidón enorme. No me lo podía creer.

Marieta me propuso ir a la bañera y, aunque me resistí un poco porque no me apetecía mojarme, al final accedí. Y menos mal, porque fue una pasada. El dolor se mitigó muchísimo e incluso llegué a dormirme entre contracciones. De repente me desperté y sentí la necesidad de empujar. Pensé que no podía ser, pero Marieta me dijo que empujara sin problemas. Pero como no empujaba cómoda decidí salir de la bañera. Despertaron a Celia por si acaso la cosa iba rápida.

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Sobre las 6:00h pedí otro tacto y estaba en completa, pero la cabeza de Max estaba en primer plano. Volví a la cama a empujar a cuatro patas. Ahí las contracciones eran seguidísimas, no me dejaban descansar un poco. Estaba agotada y empecé a llorar, a decir que no podía más, que eso era insoportable.

“Necesito una tregua” – grité. Pero enseguida vino otra contracción y me puse de mala leche. “Ni tregua ni huevos” – dije enfadada.

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Las matronas vieron que en la cama los pujos no eran efectivos y me propusieron ponerme de pie colgándome de ellas, pero no me apetecía. Así que probé de pie apoyada en el borde de la cama y noté que algo cambiaba, los pujos eran más efectivos.

Detrás de mí sentados estaban mis hijas y mi marido, y en uno de los pujos escuché que Marieta decía que lo que asomaba era un polo de bolsa y que Max venía enmantillado. A pesar de haber fisurado la bolsa seguía intacta por abajo y llena de líquido.

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Un pujo más y mis hijas gritaron: “¡Vamos mamá que se ve la cabecita!”. Ahí sentía que me quemaba y traté de empujar hacia adentro, pero no había marcha atrás. Lloré mientras decía que me dolía mucho y Marieta me dijo que no tuviera miedo y que soplara. Lorena fue a por paños calientes para proteger mi periné pero no llegó a tiempo.

Un pujo más y salió la cabeza y al siguiente pujo se oyó el plof de la bolsa al romperse y a Marieta y a Lorena diciéndome que lo cogiera. Lo cogí y estaba tan calentito y resbaladizo.

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Eran las 6:53h del jueves 14 de abril. Me tumbé en la cama rodeada de mis hijas y de mi marido. No me lo podía creer. ¡Lo había hecho yo sola! Me sentía tan poderosa.

La placenta tardó una media hora en salir y después las matronas me revisaron y vieron que me había desgarrado un poco, pero decidieron no coser.

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Max pesó 4,190Kg y midió 52cm. Y lo que vino después fue tan especial y, sobre todo, tan natural. Es un lujo estar en tu casa, con tu familia, con tu bebé y sin horarios, ni prisas, sin nadie que te moleste.

Y, sobre todo, me quedo con las palabras de mi hija Celia:

“¡Qué pasada, mamá! Todos mis hijos nacerán en casa.”

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Quiero dar las gracias a:

Marieta y a Lorena, mis matronas, por acompañarme tal y como yo necesitaba. Por su apoyo incondicional y respetarme tal como soy.

A Miriam, mi tercera matrona que, aunque estaba en prácticas, para mí fue indispensable. Si no fuera por ella no tendría ni una sola foto del parto. Gracias por poner el flash, jajaja.

A Luis, por madurar a mi lado, por confiar en mí y por apoyarme. ¡Eres el mejor!

A Celia y Elsa, mis pequeñas, por ser como son y por animarme. Sus palabras me dieron fuerzas.

A Inma Marcos, por compartir su sabiduría conmigo y por sus ánimos. Si te tuviera más cerca todos mis partos habrían sido contigo.

A El Parto es Nuestro, por la labor qué hacen, por todo lo que me han enseñado y por descubrirme que se puede parir de otra forma. En especial a Susana F. y a Marian por sufrir mis dudas y por asesorarme tan bien. Y a Adriana A., por su sabia información y por animarme y apoyarme siempre con humor.

A las mujeres que forman parte de la lista Apoyocesareas por compartir sus experiencias conmigo y por estar ahí.

Y a Max, por supuesto.

10 Comments

  1. Impresionante Vanesa. Qué emocionante y qué preciosidad de imágenes. Necesitaba leerte para ser más consciente de lo que espero sea para mi noviembre… Me ha parecido absolutamente maravilloso. ¡Ay! De verdad, admiración total. Qué grande eres. Un beso enorme.

    • ¡Ay Diana! Espero que mi relato te haya dado calma. Mil gracias por tus palabras. Ya sabes que aquí me tienes para lo que necesites. Besitos gordos guapa.

  2. Qué magnífico, Vanessa, cuánto me alegro. Es el parto que tu familia y tú os merecíais, y una vivencia que recordaréis siempre. En otro tipo de partos se excluye completamente al resto de la familia, negándoles un derecho que se ignora. Es triste que eso se normalice, si hasta se normaliza excluir a los presentes y protagonistas, como es la mujer que pare.
    Contando tu parto contribuyes a dar a conocer otra realidad y otra normalidad.
    Muchas gracias por el esfuerzo y el cariño que le has puesto. Qué grande eres.

    • Mar, cuánta razón tienes. Pienso que mis hijas el día de mañana podrán elegir cómo quieren parir, porque conocen otra forma de parto que debería ser habitual pero, por desgracia, no lo es.
      Este parto me ha permitido quedarme en paz conmigo misma. Nos vemos prontito. Besos.

  3. Llore al leerte. A mi me robaron mi parto los dos partos en el hospital termino en cesarea y encima separación. Yo quería un parto así me fui preparada y todo fue por culpa de ellos. Sinceramente no quiero intentar tener mi pvd2c porque va a remover mis heridas emocional y lo que nos hemos perdidos mis bebés y yo. Que valiente eres.

    • Lo siento muchísimo Lucía. Es cierto que esos momentos no se pueden recuperar, pero tampoco podemos torturarnos. Asumir lo que te pasó lleva un tiempo, hay que pasar el duelo. Si te puedo ayudar en algo aquí me tienes.
      Un abrazo enorme.

  4. Lo acabo de leer…aquí en el trabajo..se me saltan las lágrimas amiga.
    Es increíble la fuerza que hay y existe.
    Las fotos son preciosasssss.
    Me he emocionado mucho.

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