Agitaciones en la maternidad

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El tema de hoy es duro, muy duro, y no resulta nada fácil hablar de él. Es un tema tabú y, aunque es cierto que desde hace unos tres o cuatro años se oye hablar de la “agitación por amamantamiento”, no se habla de cuando la agitación se sufre en otros planos de la maternidad, como en el puerperio, durante la ovulación o en el embarazo.

Para quien no sepa qué es, la “agitación por amamantamiento” es un sentimiento de rechazo hacia tu hijo cuando está mamando. Te molesta que te pida pecho y cuando está mamando solo deseas que pare. Es una fase muy fea porque saca lo peor de ti como madre. Sientes tal rabia por tener que estar aguantando algo que no deseas, que sale tu faceta más violenta como persona. No vayáis a pensar que he pegado o insultado a mis hijas, pero sí que les he gritado “ya está bien” o “para ya”, y en una ocasión recuerdo que empujé a una de mis hijas para que me dejara. Os podéis imaginar cómo me sentí después.

Si queréis profundizar más sobre el tema podéis leer este post escrito por Alba Padró en el blog de LactApp.

En una ocasión una madre me describió con estas palabras tan desgarradoras cómo se sentía:

“Me siento violada.”

Pero a mí no me gusta relacionar este tipo de sentimientos únicamente con la lactancia materna, porque he tenido agitación en otras etapas en las que no estaba amamantando y he conocido a otras madres que han pasado por esto y no daban el pecho. Así que no le echaré la culpa a la lactancia materna, que la pobre parece que es la culpable de todos los males.

He buscado estudios científicos sobre este tema y no he encontrado nada al respecto. Lamentablemente son temas que no parecen importantes para la sociedad científica, aunque para las madres sí lo son.

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La primera vez que sentí esto fue cuando mi hija mayor, Celia, tenía aproximadamente unos 18 meses. Me empezó a molestar que mamara, pero no era siempre, solo algunos días. Pensé que era una señal de mi cuerpo para que destetara.

Fue ahí cuando empecé a buscar información y lo poco que encontré relacionaba ese sentimiento con un cambio hormonal. Y me empecé a fijar y me di cuenta de que cuando surgía ese sentimiento era justo en los días que estaba ovulando. Además sentía escozor en los pezones y eso agravaba la situación. Así que cómo sabía que era algo temporal, durante estos días trataba de espaciar las tomas y acortarlas. Mi hija era muy comprensiva y me lo puso muy fácil, la verdad.

Al poco empezamos a buscar otro embarazo y esa sensación de rechazo hacia mi hija en determinados momentos seguía, y diría que iba a más. Ella se destetó a los tres años y medio, y yo seguía buscando el segundo embarazo. Pensé que esos sentimientos desaparecerían, pero no. En determinados días surgían.

“Mi hija me molestaba y yo solo quería apartarla de mí, aunque la quería más que a nada en el mundo.”

Pero cuando más brutales fueron esos sentimientos, fue en mis embarazos. El olor de mis hijas me producía náuseas. Me era muy difícil tenerlas abrazadas. No soportaba su olor.

Cierto que los inicios de mis tres embarazos han sido malísimos, dejándome en cama una buena temporada debido a las náuseas y a los vómitos.

Psicológicamente es horrible sentir esto. Yo me ponía en el lugar de mis pequeñas y me entraba una pena enorme.

En mi último embarazo Celia tenía 6 años y se lo pude explicar. Lo comprendió perfectamente e intentaba no ponerse encima de mí, pero mi pequeña Elsa solo tenía 2 años y necesitaba a su mamá. La pobre tuvo que tragarse algunas palabras de rechazo. Y aunque intentaba respirar antes de decir nada, había veces que no conseguía suavizar las palabras.

En el tercer trimestre del embarazo ese rechazo se suavizaba.

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Y la agitación más reciente que he sufrido ha sido durante mi último puerperio. Max ha sido y es, aunque cada vez menos, un bebé que llora mucho. Y no es por falta de atención, ya que desde que nació no se separa de mí para nada. Vivimos pegados el uno al otro. Siempre va porteado o está en brazos. Pues ni así dejaba de llorar.

Durante las primeras semanas del puerperio me invadió un sentimiento de rechazo hacia él indescriptible. Lo oía llorar y yo solo quería marcharme a algún lugar donde no pudiera escuchar su llanto. Lo dejaba a cargo de mi marido y yo me iba a tender la ropa o a hacer otras tareas porque no quería tenerlo yo, ni amamantarle.

Por suerte esta fase también pasó y todo se normalizó.

Hace poquito en la cuenta de Instagram de Victoria Peñafiel, una genial fotógrafa y mamá de cinco niños, hablaba de la “agitación del hijo mayor” y lo explicaba así:

…de un tiempo a esta parte me invade a menudo un sentimiento que no sabría describir hacia mis hijos mayores. Cuantos más cariños físicos me piden, más necesito alejarles de mí. Y me siento fatal. Les quiero. Por supuesto que sí. Pero a ratos no soporto pegaditos a mí y siento que debo apartarles o apartarme. Y soy tan consciente de que dentro de poco serán ellos los que no querrán acercarse… ¿Soy la única con “agitación del hijo mayor”? ¿Alguien que haya pasado por ello y que me diga que es temporal?”

¿Por qué esos sentimientos?

Pues no tengo respuesta.

En el caso del rechazo durante el embarazo debe de tener que ver con la necesidad de que nuestros hijos sean más independientes, porque en el momento que nazca el bebé tendremos que dedicarnos a él casi en exclusiva y los demás hijos tendrán que apañárselas solos muchas veces.

Y en el resto de casos, por lo que he leído, puede tratarse de un instinto primario que nos empuja a distanciarnos poco a poco de nuestras crías para poder dejarlas marchar cuando llegue el momento.

Cuando nuestros hijos son pequeños nos resulta muy difícil separarnos de ellos. Es algo parecido a la fase inicial del enamoramiento, donde no puedes dejar de pensar en una persona y solo quieres estar pegado a ella. Pero a medida que pasa el tiempo esos sentimientos se suavizan y ya podemos distanciarnos un poco, hasta llegar a recuperar nuestro propio yo.

Pues con nuestros hijos debe de ser algo parecido. En cada agitación se pone un poquito de distancia con el fin de atenuar el sufrimiento.

Lo que sí que es seguro es que nuestras hormonas tienen mucho que ver en todo esto.

Y es importante que dejemos de sentir la culpa y verbalicemos lo que nos pasa, con el fin de no sentirnos solas y de no pensar que somos madres horribles.


¿Has tenido alguna vez estos sentimientos u otros hacia tus hijos? ¿Tienes información sobre el tema para compartir?

Nos vemos en los comentarios.


* Las fotos son de una sesión familiar que nos hicieron Majo y Alejandro de VilayVidal.

3 Comments

  1. Pues no sabía de estas “agitaciones”, bueno saber que existe y mejor aún sería si hubiese estudios.

    Yo lo que sí viví fue el rechazo a Mireia las primeras semanas cuando lloraba mucho. Nosotras también tuvimos la suerte de poder estar pegadas día y noche, pero era llorona y parecía como que se enfadaba mucho. Quizás no, y eran malestares que padecía la pobre, pero yo demasiados días perdí la paciencia y me enfadaba, aunque no siempre se lo hice ver, pero me enfadaba. Después la conciencia me tormentaba y aún hoy, pasado más de un año me persiguen esos recuerdos.

    Es duro y más si te lo guardas para ti. Así que gracias por la publicación, es de mucha ayuda!

    • Stéphanie, yo creo que es inevitable tener cargo de conciencia cuando no entiendes porqué pasa esto. Es importante visibilizar este tipo de sentimientos, ya que la carga compartida se lleva mejor.

      Mireia tiene mucha suerte de tener una madre como tú. Un beso enorme a los tres.

  2. Qué gran post Vanesa. Lo tengo pendiente de leer desde hace días y sabía que me iba a encantar. Gracias por contarlo tan bien, con tanta sencillez, con tanta sinceridad… Y con tanto respeto. Yo he vivido varios momentos de agitación con Mara y me he sentido tan mal… Es tal cual lo describes. Veremos que me depara el resto del.puerperio…
    Un beso grande

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